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By Slavoj Zizek

Para los iniciados, El acoso de las fantasías será un recordatorio bienvenido de por qué adoran los textos de Zizek. para los nuevos lectores, será el comienzo de una larga y fructífera camaradería.

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Cuando vamos más allá del deseo –es decir, cuando vamos más allá de la fantasía que sostiene al deseo– entramos en el extraño ámbito de la pulsión, de la pulsación circular cerrada que encuentra satisfacción en la repetición infinita del mismo gesto fallido. La pulsión como «eterno retorno de lo mismo» El concepto freudiano de pulsión es otra forma de nombrar la clausura ontológica radical. ¿Acaso en la famosa «Canción ebria» de la cuarta parte del Zaratustra de Nietzsche («Profundo es el mundo, /más profundo de lo que el día puede llegar a saber.

Como ya hemos visto, el propósito del perverso consiste en instituir la ley, no en socavarla: el masoquista común eleva a su pareja, el ama, a la condición de Legisladora cuyas órdenes debe obedecer. El perverso, que obtiene satisfacción mediante el acto obsceno de instituir el imperio de la ley –es decir, la «castración»–, reconoce por tanto plenamente que la ley entraña un goce obsceno. En el estado «normal» de las cosas, la ley simbólica impide acceder al objeto (incestuoso) y, por tanto, provoca que se lo desee; en la perversión, es el propio objeto (por ejemplo, el ama en el masoquismo) el que hace la ley.

Solo hay una respuesta posible: no porque la homosexualidad suponga una amenaza para la supuesta economía libidinal «fálica y patriarcal» de la comunidad militar, sino, al contrario, porque la economía libidinal de la comunidad militar se basa en una homosexualidad frustrada/repudiada, que constituye el elemento primordial de los vínculos de virilidad que unen a los soldados. Por hablar de mi propia experiencia, recuerdo que el antiguo Ejército Popular Yugoslavo era extremadamente homofóbico (cuando se descubría que alguien tenía inclinaciones homosexuales, se lo convertía inmediatamente en un paria, se lo trataba como si no fuera un ser humano y, por último, se lo expulsaba oficialmente del ejército), pero que, al mismo tiempo, la atmósfera de la vida militar cotidiana estaba impregnada en grado sumo por insinuaciones homosexuales.

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